Achacan a la temperatura del agua el lento crecimiento del mejillón y la escasez de cría.

7 de October de 2020 Board of Directors

Achacan a la temperatura del agua el lento crecimiento del mejillón y la escasez de cría.

Un invierno demasiado cálido, afloramientos insuficientes y vertidos en la costa parecen explicar su inusual desarrollo. Aún se arrastran los problemas detectados en 2019.

El Consello Regulador Mexillón de Galicia ha decidido dar continuidad a proyectos que como el “Mytiga” y el “Arios”, hacen un estrecho seguimiento del ciclo de cultivo del molusco, al analizar tanto su crecimiento en las bateas como el desarrollo de su cría en las rocas del litoral y las causas que provocan desprendimientos en las cuerdas o un crecimiento más lento de lo habitual.

Pues bien, la temperatura del agua, la contaminación marina e incluso la mayor o menor incidencia de los afloramientos costeros pueden condicionar el desarrollo del “oro negro” de batea. Y así queda puesto de manifiesto en los estudios desarrollados ya, entre ellos los dos antes citados, centrados en la situación del cultivo en el año 2019 y durante el primer semestre de 2020.

De este modo se concluye ahora que el mejillón “le costó crecer y engordar” durante el pasado ejercicio, mientras que en el arranque del actual “se desarrolló poco y no cogió carne, se registró una importante reducción de mejilla (semilla) en las rocas de la costa y se produjeron problemas de agarre, con desprendimientos de cría en las cuerdas, sobre todo en el interior de la ría de Arousa”.

Respecto al atípico crecimiento del molusco, en el Consello Regulador manejan datos de diferentes equipos de investigación cuando detallan que “para que crezca y engorde necesita comida, y para que las aguas sean ricas en microalgas deben ser fertilizadas primero mediante la entrada de aguas profundas ricas en nutrientes”.

Es el proceso natural conocido como afloramiento costero, que en ocasiones es menos intenso de lo que cabría esperar y suele producirse en primavera -suele ser en abril- y a finales del verano, en septiembre.

Estos episodios, que suelen estar ligados al cierre de bateas por lo que se conoce popularmente como “marea roja”, no resultan siempre igual de efectivos, ya que para lograr la fertilización idónea del agua deben alternarse los fuertes movimientos de entrada de corrientes con pequeños períodos de calma, propiciando así el desarrollo de las microalgas que sirven de alimento al mejillón.

Lo que sucede, según explican los expertos, es que cuando los períodos de calma se prolongan demasiado en el tiempo se registra una situación favorable para las microalgas productoras de toxinas (dinoflagelados).

Dicho lo cual se concluye que el año pasado se produjeron menos afloramientos que en 2018 y que, por tanto, se registró una menor fertilización de las rías, dando lugar a menos microalgas y, en consecuencia, a una menor disponibilidad de alimento.

Es una situación arrastrada a principios del año en curso, con un índice negativo de afloramiento en abril que no empezó a corregirse hasta julio, cuando los intensos vientos del norte dieron lugar a procesos de renovación del agua significativos.

Pero en el primer semestre el mejillón creció menos de lo deseable. Y fue así tanto por los motivos expuestos como por las condiciones meteorológicas “excepcionalmente cálidas” que se registraron e hicieron que en ese periodo “las aguas estuvieran más cálidas de lo habitual”.

Y esto puede suponer un problema, ya que “la temperatura del agua es un factor muy importante para el mejillón, puesto que regula su metabolismo”, dándose la circunstancia de que “a bajas temperaturas retarda su metabolismo”, mientras que temperaturas elevadas en el agua “puedan provocarle estrés térmico”.

Así lo destaca el Consello en el momento de hacer balance del trabajo científico realizado en defensa de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Mexillón de Galicia. Una labor que permite abundar en los inconvenientes que puede suponer para el cultivo el aumento de la temperatura de las rías, tal y como se constató este año.

A modo de ejemplo, el órgano que preside Francisco Alcalde, a la espera de que se resuelva el proceso electoral en marcha, hace hincapié en que “en febrero y marzo la temperatura del agua marcó niveles propios de abril o mayo, mientras que estos dos meses alcanzaron valores típicos de junio o julio”.

Dicho de otro modo, que “es como si no hubiera invierno y se adelantaran la primavera y el verano”, alterando así el ciclo normal de cultivo de batea.

Abundando en ello, dicho órgano incide en que las dificultades para engordar y crecer que ha encontrado el mejillón el año pasado y durante el arranque del actual pudo haber afectado de manera notable a su desove. Y esto puede explicar la preocupante escasez de cría en las rocas del litoral.

 

Faro de Vigo

 

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